5 de enero de 2012

Las tijeras no recortan sotanas

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A tenor de lo publicado en el Boletín Oficial del Estado del pasado día 31 de diciembre, parece que en España los únicos cinturones que no van a tener que apretarse (además de los ya conocidos de los dueños de las grandes empresas y de las grandes fortunas) son los de las sotanas de la Iglesia Católica. Si hacemos caso a esta publicación oficial, el Gobierno del Partido Popular entregará cada mes a la Iglesia Católica la nada desdeñable cantidad de 13.266.216,12 euros. Esta entrega de fondos públicos, pagados por católicos y no católicos, no se efectúa por primera vez ahora por los herederos naturales del Nacional-Catolicismo, no, se hace efectiva como cumplimiento del acuerdo entre el Gobierno de España y la Santa Sede, llamado Concordato, cuya última revisión data del año 2007.


de las concesiones de la famosa transición y de la fuerza que tenían las voces más reaccionarias de la Iglesia Católica en aquel momento, patrocinadoras del régimen de terror franquista, a pesar de la importancia de figuras de marcado carácter progresista como el Cardenal Tarancón. Esta aconfesionalidad del Estado permite la preponderancia de la Iglesia Católica en la vida pública española.


La noticia de esta transferencia de fondos de todos los españoles (católicos o no) por parte del Gobierno, llega en el momento en el que nos disponemos a vivir los mayores recortes en nuestro particular y subdesarrollado Estado del Bienestar. Hay que decir, en honor a la verdad, que dichos recortes no son más que la continuación de la política neo(socio)liberal que han llevado a cabo los Gobiernos socialistas de José Luis Rodríguez Zapatero, especialmente en su segunda legislatura.


Así, mientras se congela el salario mínimo, se reduce el poder adquisitivo de los trabajadores, se coquetea con el repago en sanidad y se pone en cuestión la universalidad y gratuidad de la educación, la Iglesia Católica no sólo no se aprieta el cinturón si no que recibe, para su funcionamiento ,más de 13 millones de euros al mes, es decir casi 160 millones de euros al año, unas sumas mucho mayores que los primeros premios de la lotería de Navidad y del 'Niño' juntos.


Noticias como la que nos ocupa deben colocar en el primer plano del debate público la cuestión de la laicidad del Estado, algo incuestionable en naciones tan admiradas por nuestros gobernantes como la Alemania de Angela Merkel o la Francia de Nicolas Sarkozy. La laicidad del Estado es necesaria para que los diferentes credos que conviven en España se autofinancien con fondos propios y con las aportaciones de sus fieles. La Iglesia Católica debe dejar de ser un actor importante en cuestiones de salud pública como el aborto y la eutanasia o muerte digna o en cuestiones de ampliación de derechos como la ley de matrimonio homosexual y debe acabar su influencia en la educación pública.

Artículo realizado por Raúl García Hémonnet.


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