9 de agosto de 2013

Entrevista a Diagonal [Campaña de Difusión de Medios Informativos]

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Diagonal es, como ellos mismos se definen, un medio de comunicación crítico e independiente, sin directores ni jefes, sustentado sobre la base de miles de suscripciones; una apuesta política por el periodismo independiente, los procesos cooperativos y la economía solidaria y un proyecto con historia, nacido en marzo de 2005 en el seno de los movimientos sociales.

La presente entrevista fue respondida desde su área de promoción, a quienes agradecemos su colaboración, y forma parte de la Campaña de Difusión de Medios Informativos organizada por Hablando República.


P.- ¿Qué es y cómo surge el periódico Diagonal?
R.- Diagonal es un medio de comunicación que trata de incentivar la transformación social. Nace hace casi ocho años tras un debate que se dio en el interior de un proyecto anterior, Molotov, que se definía como un medio de comunicación por y para los movimientos sociales. Tras el debate, en el que participaron tanto gente que venía del Molotov como nuevas personas, en su mayoría vinculadas a colectivos de la Facultad de Ciencias de la Información de la UCM, surge Diagonal, con la idea de romper esa lógica movimientista. Es decir, si bien la información se genera en gran medida desde los movimientos sociales, el público al que se pretende llegar se amplía con la intención de alcanzar sectores de la sociedad civil alejados de los movimiento sociales.


Diagonal se plantea que no depender del poder es la única forma de poder cuestionarlo, por ello no hay ningún partido político, sindicato o empresa detrás. El proyecto se organiza de forma asamblearia, cooperativa y horizontal. Mantenemos la autonomía económica gracias a las aproximadamente 5.300 personas suscritas. Así mismo nuestro criterios éticos respecto a la publicidad (que nunca supera el 20% de nuestros ingresos) nos permite funcionar sin grupos mediáticos o grandes empresas.


P.- ¿Qué ofrece, qué apoya y por qué lucha el periódico Diagonal?
R.- Diagonal trata de ofrecer información crítica de calidad haciendo lo que denominamos periodismo situado: un periodismo desde abajo que, siendo veraz, no es equidistante, es un periodismo que se posiciona y toma partido para transformar la realidad en la que vive.

Diagonal no pretende hablar en nombre de nadie, ni si quiera actuar como altavoz, no pretendemos ser una mera correa de trasmisión aséptica, sino un sujeto partícipe en su contexto. De este modo, frente a la información espectáculo, fragmentada y descontextualizada, producto de los ritmos frenéticos dictados desde los mass media y las agencias de información, apostamos por una información más compleja, reposada y apegada al terreno. Pero esto no nos puede llevar a abusar del academicismo y a producir un tipo de medio sólo asequible a aquellos que tienen un alto capital cultural. Diagonal busca ser un medio divulgativo y popular.


Frente a la información como mercancía que se compra y se vende, defendemos su valor de uso y su libre circulación, así como su propiedad colectiva. Frente al copyright, abogamos por las licencias abiertas. Frente a la organización piramidal de los medios de comunicación de masas y su rígida división del trabajo, apostamos por la horizontalidad en la toma de decisiones y el trabajo cooperativo.

Todo lo anterior forma parte del modelo teórico que guía nuestros pasos en el campo de la comunicación, un referente que día a día confrontamos con una práctica repleta de contradicciones, que a su vez lo van modelando y adaptando a las nuevas realidades.

P.- ¿Con proyectos como Hablando República y otros más importantes como Diagonal, se puede llegar a concienciar a una población adoctrinada por los mass-media?
R.- Desde Diagonal creemos que sí se puede incidir en la agenda mediática y en la opinión pública mayoritaria. Ahora bien, no podemos entender los proyectos de información de iniciativa ciudadana como proyectos cerrados o acabados, nos queda mucho camino por recorrer y muchas lecciones que aprender, para mejorar nuestras herramientas. A este respecto nos gusta la definición que realizaba el sociólogo Jesús Ibáñez sobre los medios de comunicación: “los medios de comunicación son dispositivos de generación de realidad”. De alguna forma si no apareces en los medios no existes, de este modo Diagonal pretende ampliar los limites de ese marco que delimita lo existente, desde el que nos asomamos a la realidad, el cual normalmente viene regulado desde los medios de comunicación de masas.

Por ejemplo, cuando comenzamos a hablar de las redadas racistas en la primavera de 2008 era algo que estaba totalmente invisibilizado, y hoy todo el mundo sabe que existen, es un tema recurrente en muchos medios de comunicación generalistas y al Gobierno le es imposible negarlo ante la opinión pública. Algo parecido pasó con los niños robados durante el franquismo. Esto no lo hacemos nosotros solos, claro, sino en red con otros medios de comunicación, activistas, asociaciones... es en este sentido, por poner otro ejemplo, en el que la PAH, las asambleas 15M y algunos medios han (o hemos) conseguido que los desahucios sean hoy el tema más importante en el debate político.

P.- ¿Cómo afecta la neolengua impulsada por el poder, como la calificación de 'contrainformativo' o 'alternativo' a nuestros medios? ¿Crees que esta circunstancia produce en medios como Diagonal una pérdida de credibilidad y de difusión?
R.- En cierto modo, la definición de este tipo de proyectos como “contrainformación” o “información alternativa” no creemos que sea una responsabilidad de la neolengua impuesta desde arriba, sino que en muchas ocasiones los propios proyectos se han etiquetado bajo estas definiciones, aunque es algo que afortunadamente está comenzado a cambiar.


Colocarnos bajo estas etiquetas nos hace un flaco favor y nos coloca en una posición subsidiaria, con un lastre que nos dificulta mucho llegar a sectores de la sociedad alejados de los medios de comunicación de base. Si nos reconocemos en los términos como “contrainformacion” o “información alternativa” parece que los serios, los oficiales, son siempre los mass media, como si en medios de comunicación como Diagonal no pudiésemos encontrar información seria, contrastada y de calidad. Como si el periodismo fuera sólo lo que hacen las grandes empresas y las personas con título y contrato de periodista.


P.- ¿De qué manera afecta que en estos proyectos de vocación informativa participen ciudadanos ajenos a la profesión periodística?
R.- Nosotras creemos que la producción de información, si bien es algo que debe seguir unos patrones para ser seria y contrastada, no es patrimonio exclusivo de los periodistas. Por ello en Diagonal escriben personas que sí tienen una formación periodística, pero también gente que no la tiene en términos académicos, también escriben expertas sobre diferentes temáticas, aportando su conocimiento sobre determinados asuntos.


Diagonal en absoluto se posiciona en contra de lo que se ha venido nombrando como periodismo ciudadano, intentamos aprender de estas nuevas formas de comunicación que se dan en los últimos tiempos principalmente en el ámbito de internet y las redes sociales.

Y muchas de las personas que forman parte del colectivo Diagonal participan también en otros colectivos informativos, comisiones de comunicación de asambleas, etc.


P.- ¿Existe una barrera digital que aísla a estos medios de amplios sectores de la población? En tal caso, ¿de qué manera se podría superar?
R.- Digamos que es un trabajo de hormigas, un trabajo que en muchas ocasiones permanece invisible pero no por ello tenemos que dejar de hacerlo, ni considerarlo como inútil. Se trata de ir poco a poco como en una carrera de larga distancia seguir dando a conocer nuestros proyectos por todos los medios que tenemos a nuestro alcance. Evidentemente los medios que requieren un gran desembolso de dinero, como las grandes campañas de publicidad, no son cuestiones que nos podamos plantear de momento, pero sí hay otros campos, como lo son las redes sociales, en los que la distancia respecto a los grandes medios de comunicación no es tan grande. Creemos que es en esos lugares en los que tenemos que volcarnos.

P.- ¿Piensas que estos medios de izquierdas quizá acaban siendo leídos siempre por la misma gente? ¿Cómo podría solucionarse esto?
R.- Quienes en primera instancia acuden a proyectos como Diagonal a la hora de buscar fuentes de información responden a perfil similar, son personas con vocación de cambio, con ganas de ir más allá de los titulares y de no quedarse en las explicaciones superficiales. Llegar a más gente es un trabajo arduo, de largo recorrido, en el que de nada nos sirve tener posiciones inmediatistas.

Por otro lado, no hay una única forma de entender y habitar ese espacio “de las izquierdas”, sino que esta compuesto por múltiples identidades, algunas incluso contradictorias entre sí. Y si queremos tener un mapa lo más completo posible debemos tener en cuenta otro eje, no solo izquierda/derecha, sino también arriba/abajo. Hay amplias capas de eso que se denomina como izquierda que están arriba, que hablan desde el establishment. Es bueno recordar una viñeta que hace poco publicaba una compañera del periódico, bajo el titulo “no hay nada mas parecido a un machista de derecha que un machista de izquierda”.

Es decir, en este caso, la forma de dominación machista es lo que está arriba, la que define lo que se puede y no se puede hacer, lo que está bien o mal y es ahí donde creemos que tenemos que centrar nuestras fuerzas en la acción.

P.- ¿Qué opinión merecen medios como Público o La Sexta, en manos de grandes empresarios, que sin embargo llegan más fácilmente a la base social de la izquierda?
R.- Estos medios venden una imagen de progresismo para ocupar un nicho de mercado que existe y se identifica con las izquierdas, pero no podemos confundir esta intención, con que la motivación de estas empresas sea la de la la transformación social. Claramente forman parte del establishment. Digamos que son empresas que se preocupan de la rentabilidad de sus productos en términos económicos, no en términos sociales.

A este respecto nos parece significativo lo que ha sucedido con la edición impresa de Público: dejar de lado el papel debido a que no es un producto rentable provocando que muchos trabajadores y trabajadores sean despedidos de la empresa creemos que es algo elocuente sobre los principios éticos de esta empresa. De este modo hemos asistido a la creación de un medio como La Marea, una salida en nuestra opinión muy digna ante un problema como el que enfrentaban.

La línea editorial de Público fluctúa entre guiños a este sector izquierdista y posiciones cercanas al PSOE, a veces desde intenciones partidistas y otras no se sabe si por despiste, desidia o redactores precarios poco formados (por ejemplo, celebran el aniversario del “No a la guerra” como si sólo hubiera sido una movilización del PSOE y sus bases [enlace] ). Nos cuesta entender que desde las izquierdas se siga dando cancha a este diario (más allá de que publiquen noticias interesantes, como lo puede hacer El País o El Mundo), por ejemplo manteniendo blogs en publico.es... pero suponemos que a veces prima la visibilidad web sobre otras consideraciones éticas o políticas, todo el mundo tiene sus contradicciones.


P.- ¿Que visión, de cara a los siguientes meses, te ofrece este Gobierno?
R.- Desde luego no podemos esperar nada del gobierno, están enrocados en su mayoría absoluta, tal y como comentábamos en nuestras ultimas “notas de redacción”. Creemos que no sólo el Gobierno del PP sino también el sistema político español se encuentra en una fase terminal, es lo que en algunos lugares se ha comenzado a denominar como institución zombie: se alimentan del cerebro colectivo y no tienden a la extinción natural sino que se agarran a cualquier atisbo de vida que encuentran a su alrededor. En definitiva, que pese a su estado terminal siguen vivas.


P.- ¿Pueden las noticias sobre la contabilidad 'B' del PP forzar la dimisión de altos cargos del partido o incluso del Gobierno?
R.- No da la sensación de que se vayan a producir dimisiones, parece que sólo si se fuerzan desde las instituciones superiores como la UE podremos encontrarnos en ese escenario. En parte por lo que hemos comentado en la respuesta anterior, pero también debemos tener en cuenta que el PP pasa por su momento de mayor fragilidad ante la opinión pública, desde la crisis del 13 de marzo de 2004, castigado por varios escándalos de corrupción, no sólo el de Bárcenas. Está refugiado en la crisis y en la herencia del gobierno anterior para negar la corrupción, aferrado a la mayoría absoluta que impide una oposición parlamentaria efectiva.

No obstante, prácticamente todo el arco parlamentario tiene sus propios problemas de corrupción de los que preocuparse. El partido de Rosa Díez, salpicada por la supuesta donación de la caja de Bárcenas a su germen, la ONG nacionalista Basta Ya, el culebrón de los ERE falsos en Andalucía, en el que se encuentra imputado el exdirector general de Trabajo y Seguridad Social de la Junta de Andalucía (PSOE), o la petición de la Fiscalía Anticorrupción catalana de que se impute al secretario general de Convergència Democràtica de Catalunya, Oriol Pujol, son parte de lo que el Financial Times, ese medio en el que José María Aznar extendía recetas para la economía española hace dos años, califica como la “podredumbre de casi todas las instituciones de España”.

A pesar del aumento de discursos que animan a una regeneración de la derecha en base a un planteamiento justicialista, el clásico “limpiar las manzanas podridas”, los casos de corrupción muestran el mar de fondo de la gestión pública de PP y PSOE, apoyada en conglomerados de empresas al amparo de las administraciones en las que gobiernan. Las anotaciones en los papeles de Bárcenas en el apartado de donantes vuelven a situar al ladrillo en el centro de la tormenta perfecta en la que se ha convertido la crisis en el Estado español.

P.- ¿Qué opinión os merece la propuesta de Julio Anguita, que desde Hablando República respaldamos, del Frente Cívico-Somos Mayoría?
R.- La verdad es que no la conocemos en profundidad. Saludamos todas las iniciativas que intenten aportar aires frescos al panorama político actual, pero no tenemos muchas esperanzas que estos aires de renovación lleguen desde posturas como las de Anguita, pese a la incorporación de conceptos novedosos en el campo de la política mainstream como el de contrapoder. Creemos que posturas que han formado parte de establishment político durante décadas difícilmente pueden arrojar luz sobre las sombras que invaden el sistema político español.

Detalles como el que no hubiese ninguna mujer entre los ponentes o que no hubiese ninguna referencia al papel de las nuevas tecnologías en la nueva configuración de los movimientos políticos son indicadores que nos hacen ver que en cierto modo el Frente Cívico sigue anclado en unas coordenadas de las cuales nos sentimos alejados, aunque obviamente no estén en nuestras antípodas políticas y puede haber puntos de confluencia.


P.- ¿Cómo debería ser la relación entre la Jefatura del Estado y los medios de comunicación?
R.- Los medios de comunicación deberían ser absolutamente independientes y las instituciones públicas deben ser transparentes, publicando y facilitando información sobre su funcionamiento a todo el mundo (no solamente a los periodistas).


P.- ¿Cuál es el camino a recorrer para llegar a la Tercera República Española?
R.- No tenemos fórmulas mágicas, pero pensamos que es necesario un proceso constituyente mediante el que se construya la democracia desde abajo, con la participación real y efectiva de toda la ciudadanía, al que se puede llegar organizando la destituyente que ya está en la calle, en los movimientos. Este proceso, claramente, debe generar un sistema político en el que no tenga cabida la monarquía ni ningún otro estamento antidemocrático.


P.- ¿De qué forma se puede plantar cara a la presencia casi hegemónica de la derecha en los medios de comunicación? ¿Sería conveniente una unión de los medios de izquierda para crear un gran proyecto periodístico en igualdad de condiciones que los mass-media, o hay diferencias insalvables que impidan esta unión?
R.- Quizás lo que tengamos que resaltar aquí sea que nuestra intención no es la de generar un medio de comunicación hegemónico. Diagonal esta concebido como ágora de discusión y espacio de experimentación y no como producto cerrado. En nuestra opinión se trata más de formular, y dejar abiertas las respuestas, potenciar el intercambio, la discusión, creemos que es más interesante promover procesos que aportar soluciones totales.


De este modo nuestra apuesta es por la democracia directa, es decir, por formas de organización que superen el marco de la democracia formal representativa y la política de mediación en la que una instancia asume la función de hablar y decidir por la comunidad. Solo a través de la participación directa de la ciudadanía en los asuntos públicos podremos construir una democracia sólida y real. Por la autonomía, frente a la delegación. Pensamos que deben ser los propios grupos sociales que padecen cualquier tipo de injusticia, los que deben organizarse y dirigir su lucha por mejorar sus condiciones de vida, respetando siempre sus ritmos y especificidades. Por un discurso global y una práctica local, tratamos de construir y llevar a la práctica, un discurso de transformación omnicomprensivo, que contenga todas las dimensiones de la vida social (modelo productivo, sistema reproductivo, alimentación, sexualidad, cultura), situándolas en un marco sistémico global. En definitiva apostamos por una corriente de pequeñas revoluciones, frente a la manida y paralizante mitología del avenir de la Revolución, pensamos que la transformación debe producirse en el aquí y ahora y formar parte de la vida cotidiana. Nos va la vida en ello...

Llevándolo a lo concreto: si nos estáis preguntando por qué no nos fusionamos con otros proyectos de comunicación afines, la respuesta es que nos parece más interesante llegar a acuerdos de colaboración y apoyo mutuo. Una red descentralizada de voces plurales es mucho más fuerte que la difícil empresa de tratar de construir un gigante contrahegemónico.



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